El tiempo y el espacio

“Yo nunca he podido hacer nada si no tengo un horizonte de calma y de tranquilidad. Las épocas turbulentas han sido un desastre. Necesito que las cosas estén bien, que el entorno esté bien, esté bien lo mejor posible, y todas aquellas personas a las que les tengo afecto. Y que haya un horizonte, como te digo, de estabilidad”.


Esta casa era una casa.
Era bonita, entraba mucha luz,
por esas dos ventanas que tenían unos sillones verdes.
Había dos dormitorios.
Antes de que se murieran mi padre y mi abuelo
se ocupaban los dos pisos, eso es lo que me han contado,
después se ocupará solamente un piso
y ahí aparecen los franceses.
Tenía una, era un jardín chiquitito,
que tenía creo un magnolio, con pasto,
y donde jugábamos cuando era muy niño.
Jugábamos con los escarabajos.
Me acuerdo de unos gusanos, unos bichos, que se enroscaban así,
y nos sentábamos en esta puerta así a mirar,
a mirar la gente pasar,
y aquí en esta parte me acuerdo que estaba la puerta del antejardín.
Tengo un recuerdo que estoy en una cuna,
y me regalan un juguete, que era un lechero,
pero puede haber sido un recuerdo falso,
porque curiosamente en mi recuerdo estoy viendo a mi abuelo,
y a mi papá,
y no puedo, debo haber tenido menos de dos años,
entonces no sé si es un sueño
o es real.
Después sí tengo imágenes de cuando tenía cuatro años,
yo sentado con mi hermana en el living comedor,
unos días que eran absolutamente interminables,
y yo estaba obsesionado con ir al colegio,
cosa que haré a los cinco años
a los cinco años me meterán en un colegio.
Y entonces sí,
tengo esos recuerdos.
Recuerdo perfectamente
estos son los escalones para entrar a la entrada.
Y este era el living comedor.
Y esta era una pieza y esta era otra pieza.
En una dormía yo con mi madre,
y en otra mi abuela con mi hermana.
Yo nunca he podido hacer nada si no tengo un horizonte
de calma y de tranquilidad.
Las épocas turbulentas
han sido un desastre.
Necesito que las cosas estén bien,
que el entorno esté bien,
esté bien lo mejor posible
y todas aquellas personas a las que les tengo afecto.
Y que haya un horizonte como te digo de estabilidad.
Entonces el clima
psicológico-amoroso del lugar donde vivo
me importa muchísimo,
me importa muchísimo.
Y eso también tiene que ver con mi infancia,
porque mi madre con mi abuela no se llevaban bien,
entonces era muy angustioso,
era muy tenso.
Y de repente ya estallaban como italianas y se ponían a pelear.
En la medida que van pasando los años uno se acuerda más.
Por un lado,
mira,
yo siento también, en cuanto a los lugares,
que soy un poco macetero,
o sea que no me importa mucho dónde estoy,
pero me acuerdo sí con angustia
y con los cambios de casa cuando era niño.
Eso me provocaba mucha angustia.
Era una casa grisácea
los olores, lo que iba quedando,
lo que queda atrás.
El primer cambio fue en 1957.
Cuando vivíamos en General del Canto 97
y nos pasamos a José Manuel Infante 91B,
en una casa subarrendada,
pero cuando vi que se vaciaba esa casa de General del Canto
no se me olvidó nunca.
El olor de algo que se acaba de vaciar.
Las mudanzas me producían mucha angustia.
En la última experiencia de mudanza que tuve
cuando la Paulina se vino, no sé,
hace quince años ya.
Yo estaba solo,
yo me había arrendado esta casa,
pero pasé un año solo.
Entonces estaba totalmente vacío, había una mudanza,
La Popular se llamaba, ese era el,
eso fue el 2003.
Y fue bonito.
Mis exigencias de espacio han disminuido con los años.
Ahora realmente puedo trabajar en distintas partes.
Antes necesitaba tener un espacio propio,
exclusivo,
y ahora la verdad es que no lo necesito, no.
Necesito muy poco para, yo, en lo personal,
necesito una luz, una mesa, un computador.
Eso antes, antes, cuando en algún sentido
era infinitamente pobre
pero era mucho más exigente en cuanto a lugares.
Ahora no, ahora puedo trabajar con gente,
puedo trabajar sin un espacio exclusivo.
Yo creo que necesitaba más espacio cuando,
precisamente, cuando era más inseguro.
Entonces me aterraba empezar,
el hecho de poder empezar algo
entonces necesitaba concentración poco menos que absoluta,
la más leve distracción me sacaba, entonces.
Ahora, desde hace unos años a esta parte,
me siento más seguro de lo que hago,
entonces no necesito una gran parafernalia.
Estoy más preocupado realmente del tiempo que del espacio.
Y el tiempo
se me ha escapado un poco.