Nunca me separé de ese día

“De allí nunca me separé de ese día. Es lo que intento siempre volver a eso, porque es volver a un momento de horror donde se enjuicia a la humanidad”.


El día antes del Golpe estaba desfilando por Valparaíso en un desfile
El último desfile en el que estuve fue como a las nueve de la noche en Valparaíso,
y salí repleto, repleto, repleto
de panfletos,
de programas del MIR, del MAPU, de las Juventudes Comunistas, del Partido Comunista,
salí con una carpeta llena.
Y no volví a la que era mi casa, estaba separándome prácticamente,
esa separación duró mucho, como un mes.
Me quedé afuera, me quedé toda la noche sin dormir,
en un boliche que se llamaba "Rapallo", iba todas las noches,
que quedaba en el Cerro Placeres, muy cerca de la universidad.
Pasé toda la noche ahí, y como a las seis de la mañana
me fui a tomar desayuno a la universidad, si podía agarrar algo
todavía estaba haciendo la, cómo se llama, comenzando la memoria.
Y ahí me tomaron los militares.
Ahora, afortunadamente, se me quedó la carpeta llena de panfletos,
se me quedó en el lugar donde estaba,
entonces no andaba por lo menos cargado con todo lo del MIR y todo,
pero sí andaba con mis poemas, que no me despegaba nunca, en ninguna parte.
Y fue, fue.
Pero el día 10 me acuerdo como si fuera hoy, sobre todo ese último desfile.
La plaza Vergara, pasábamos desfilando, los del MIR
el MAPU se había dividido en dos, entonces estaba el MAPU obrero campesino y el MAPU MAPU,
nosotros, las Juventudes Comunistas, que nos creíamos superiores a todos ellos,
y los chicos del MIR.
Fue muy impresionante.
Fue el último desfile en democracia.
Fue muy feroz.
Me toman en la mañana muy temprano,
cuando voy llegando a la universidad por Avenida España, que queda abajo,
entonces me dicen "alto, alto".
Voy doblando, perdón, por la subida hacia Placeres,
una voz que no vi, y vi primero a los soldados tomando posiciones,
y yo pensé que era, que estaban completamente locos,
o sea, no pensé realmente que era el día fatal.
Y me dijeron "al suelo, al suelo", y de repente me llevaron a la entrada arriba
y estaba llena de gente, ya a las seis y media de la mañana estaba llena de gente,
con las manos en el suelo, o tirados en el suelo con las manos en la nuca.
Entonces yo veo cómo entran en la universidad, y mi último pensamiento democrático fue decir
"la que se va a armar con esta violación de la autonomía universitaria",
ese era un valor que era muy importante, que era la autonomía universitaria,
que el territorio de la universidad no podía ser violado.
Y ahí veo cómo los milicos entran pero con todo. "Chuta", dije, "ahora sí que se armó"
Y ahí nos llevan en unos camiones, nos llevan, no recuerdo el camino,
todavía no tengo conciencia, tengo conciencia que mi situación era precaria
me dije "bueno, ok, se armó la guerra civil, se armó la guerra civil,
sé que mi situación es mala porque estoy en mano de los marinos
y los marinos son de derecha, son momios"
Después entran a un Regimiento, que yo digo que es por Salinas,
porque en ese momento íbamos todos parados en los camiones,
llegaron camiones y nos llevaban,
y empiezan a hacer vueltas en círculos por un camino que va en espiral,
y al fondo da una vuelta y va a un patio con diez mil tipos, todos en el suelo
Y ahí empezó el infierno.
Ahí fue, ahí realmente fue una de pateaduras pero impresionantes.
Y de ahí nos llevaron en micro, con las chaquetas, con los ojos vendados, todo,
al estadio de Playa Ancha,
el estadio de Playa Ancha fue otra jornada, pero impresionante.
Y de ahí nos llevaron en camiones de nuevo,
pero esta vez en camiones cargados como sacos madereros,
o sea unos encima de los otros, acostados uno encima de otro
hasta donde estaban los barcos,
hasta donde estaban el Lebu, el Maipo y la Esmeralda.
Y ahí estuve en la bodega del Maipo
un tiempo que nunca he sabido exactamente cuánto es,
pero no fue mucho tiempo.
Lo único que sé es que me enteré de la muerte de Neruda en el barco,
y después, muy poco después, salimos.
Y fue una experiencia atroz, tremenda,
de la que salí muy mal, todos salimos mal de eso.
De allí nunca me separé de ese día.
Es lo que intento siempre volver a eso,
porque es volver a un momento de horror donde se enjuicia a la humanidad,
y probablemente si algún día esta humanidad termina finalmente por sucumbir
frente a sus múltiples errores, injusticias, horrores,
nada está dicho que no pueda sucumbir de eso mismo,
incluso ahora hay un momento especialmente fregado
con Trump y las locuras que está haciendo,
y nada garantiza que la humanidad sobreviva,
que no haya nuevamente una peste, una guerra nuclear, en fin.
Está todo abierto.
Bueno, si la humanidad sucumbe,
sucumbió también el 11 de septiembre de 1973,
sucumbió con los hornos crematorios en Alemania,
sucumbió con los bombardeos a Gaza,
son todas pruebas de una derrota final,
todas habrían sido pruebas de la derrota final.
Entonces yo vuelvo a ese momento,
porque siento que es un instante crucial de la vida, que a mí me tocó estar
me tocó ser espectador, en cierto sentido víctima,
pero no para hacerme la víctima ni para considerarme víctima,
estoy aquí, estoy y sobreviví y en fin,
pude hacer lo que siento que tenía que hacer
y tal vez lo pude hacer bastante bien.
Pero es un momento que soy testigo,
y que debía hablar de ello.
Y viví ese período intensamente, desgarradamente,
por un lado era muy feliz en el proceso, en la calle,
pero por otro lado era profundamente desdichado
estar en una universidad en algo que no me gustaba.
Tampoco nuestro matrimonio iba lo que se puede decir muy bien.
Entonces sentía que era una suma
de que la vida estaba haciendo un poco lo que quería conmigo
sin tener yo ningún dominio sobre ella.
Pero eso desembocó finalmente en la poesía,
desembocó en un libro que se llama Purgatorio,
entonces hasta cierto punto, sin que eso le quite nada al dolor,
a la sorpresa,
a lo duro que pudiera ser todo,
finalmente yo ahí pienso que la poesía es la misma mano que me hundió
es la misma mano que me salva,
o sea que si no hubiera tenido esa razón por la poesía en mi vida
probablemente hubiera sido más sencilla,
más aburrida, pero más sencilla, habría sido un ingeniero.
Habría sido más sencilla.
Pero también entonces fue la poesía la que me llevó un poco
a toda esta demencia, a toda esta locura
y a llevar una vida bastante extrema, bastante al margen, finalmente.
Y, pero, también la poesía fue la que me permitió agruparme,
me permitió tener un horizonte,
tener un sueño, tener un yo,
tener una parte desde dónde pararme,
y eso para mí era muy importante, tener una parte donde pararme,
tener un lugar desde el cual hablar.
Y afortunadamente, afortunadamente, hasta ahora,
ese lugar lo encontré,
pero uno nunca puede saber lo que va a pasar en los dos minutos que siguen.
Hay una frase de Antígona de Sófocles, que dice
"que ningún ser humano se complazca de su suerte
mientras no haya exhalado el último suspiro,
porque en el último segundo puede volver a la desgracia".